viernes, 28 de diciembre de 2012

Aquella chica (cuento)

Todo lo aquí expuesto son opiniones de la autora.


Alguna vez fue humana, reía, lloraba, sufría y se alegraba como cualquiera de nosotros. Pero ahora no es más que una mera sombra, un bulto de carne con la mirada perdida hacia el vacío  Hay quienes juran que alguna vez fue hermosa, una bailarina con tanta gracia y belleza que la Luna se ponía celosa. Otros aseguran que poseía una esplendorosa voz, tan bella que las sirenas quedaban mudas al escucharla. Unos mas dicen que su belleza recaía en su cara, perfectamente simétrica, con una piel suave y tersa que parecía jamás haber sido tocada por el sol, ojos grises y su larga y sedosa trenza negra. Pero para mí, su belleza la tenía en la mirada, dejando de lado el sutil tono de sus ojos, su mirada era dulce y compasiva, podías ver tu propia alma reflejada en ellos, aun hoy esa mirada sobrevive. De lo demás no queda nada. Lo que veo a través de esta reja no es para nada lo que eh descrito. Veo una sombra con cabellos blancos y enredados, su piel quebradiza y arrugada, una figura que apenas logra arrastrarse por el suelo, que gime intentando hablar.

En aquel entonces, esta pobre desdichada intento ser una diosa. Vistiendo un vestido de seda negro se aventuro a la isla de los todo poderosos. Esto ocurro en la época del cambio, cuando los viejos dioses buscan a quienes los remplazaran, estos se eligen desde el nacimiento, naces con la marca de tu don.  Pero la Luna, caprichosa como ella sola, pone a prueba a todas las mujeres que aspiren a ser ella, solo la más bella, femenina, elegante y poderosa podría encarnarla.

En cuanto ella apareció opacó a todas, perfectamente arreglada, peinada y perfumada, nadie podía asimilar el porte y la gracia de ella al caminar. La Luna la miro, paso frente a ella como un León cuidando su territorio. La reviso de la cabeza a los pies, de atrás para delante y se detuvo en su mirada, le sonrió. Aquella mujer demostró su confianza, no se movió, no parpadeo, no transpiro, tal parecía que la mirada de la diosa no le había causado ninguna impresión. El resto se limito a mirar estupefacta e incrédula, era difícil decir cuál de las dos era la más hermosa. Las mujeres reclutadas no eran las únicas que notaron su belleza, el dios de los infiernos también se percato de ello. Él era el esposo de la Luna, siempre su fiel amante desde antes de ser dioses. Aquella mujer noto el deseo que hizo crecer en aquel dios, lo miro y le sonrió. Pensó su estrategia, seducir al dios de los infiernos, para que la nombrara la nueva diosa de la Luna.

Al amanecer la Luna se retiro, sin sospechar que su amante y aquella mujer se entregarían al fuego infernal. Pero la Luna no es fácil de engañar, después de todo ella sale de día o de noche según le plazca. Desde la carroza de su hermano los miro, presencio como la mujer seducía al que fue su amante por cientos de años. Esa noche el Infierno persuadió a la Luna de elegir a aquella mujer, la Luna calmo a su esposo, esa mujer fue su favorita desde que la vio llegar.

Anuncio a la nueva Luna, una que sorprendió a todos los presentes, una cuya estrategia era mejor que la de aquella mujer, una que nadie había notado, pero su belleza competía con la de aquella mujer y con la Luna misma. El Infierno reprocho molesto, exigió cambiar la decisión. La Luna dejo caer la furia contra aquella mujer, la tomo del cuello. El Infierno trato de impedirlo, le rogó a la Luna por piedad, pero ella no lo escucho. Todos esperan ver como se rompería del cuello de aquella mujer, pero no fue así. Luna era consciente, si la mataba iría al infierno y entonces ellos se encontrarían. Aquella mujer merecía algo mejor, viviría, para siempre. Luna la miro a los ojos y ante nuestras miradas le robo su belleza, mas no su juventud. Ahora no era más que un ser deforme y marchito, incapaz de moverse o hablar. Quedo confinada aquí, en el fondo del mar. Aprisionada tras estos barrotes, por donde la Luna le restriega su belleza al asomarse cada noche y parte del día, mientras las sirenas la ensordecen con su canto.

Y yo, nunca dejare que olvide lo que fue, lo que pudo ser. Le recordare para siempre que su belleza no fue rival para mi astucia, en lugar de seducir al dios del Infierno yo seduje al futuro dios del Mar. Luna, al ver la fuerza que ambos tendríamos juntos, decidió nombrarme su sucesora, al ver como el Mar se movía a mi completo antojo y placer, como las sirenas me obedecían sin dudar. Ahora estoy aquí, resplandeciendo toda esa belleza que intentaste opocar.


1 comentario:

Nefer Munguia dijo...

Que bonito cuento!

Saludos, te digo de una vez por si no alcanzo a venir el mero día que pases un feliz año nuevo y que el año 2013 venga lleno de bendiciones y cosas geniales para ti y los tuyos ^^